En el ámbito de la gemología y la geología, pocos objetos capturan la imaginación como los meteoritos. Estos fragmentos de cuerpos celestes no sólo son valiosos, sino que actúan como cápsulas del tiempo que registran la evolución temprana y violenta de nuestro Sistema Solar.

Recientemente, hemos recibido un detallado informe de análisis gemológico realizado por José Manuel Tobajas sobre un espécimen notable: un Meteorito Rocoso-Metálico (Ultramáfico) que ha sido clasificado como Mesosiderito. Con un peso de 6,840 kg, la pieza, a la que se le ha propuesto el nombre «Daniel», ofrece una lección magistral de astrogeología.

El objetivo de este artículo es diseccionar el informe de nuestro colaborador y traducir los datos técnicos en una narrativa científica al alcance del público neófito.

Mesosiderito 2B

Mesosiderito: El resultado de un colosal choque cósmico

La clasificación como Mesosiderito es la primera pista clave. Un mesosiderito es un tipo de meteorito que ha sido alterado por procesos ígneos o metamórficos caracterizado por tener aproximadamente la misma proporción de material silicatado (roca) y material metálico (hierro y níquel). Los mesosideritos son un tipo raro de meteorito; hasta noviembre de 2014, solo se conocían 208 (de los cuales 56 provienen de la Antártida) y solo 7 de ellos fueron caídas observadas .

¿Qué significa esto?

Los meteoritos roco-metálicos como el Mesosiderito «Daniel» no provienen de asteroides primitivos. Provienen de cuerpos celestes más grandes, lo suficientemente grandes como para haberse «diferenciado». Es decir, el calor interno fundió el asteroide, permitiendo que el hierro denso migrara al núcleo (como en la Tierra) y los silicatos más ligeros formaran el manto y la corteza.

La existencia de este meteorito, una mezcla íntima de roca y metal, sugiere que fue formado por una colisión entre dos de esos cuerpos diferenciados: probablemente el fragmento de un núcleo metálico y el fragmento de un manto rocoso que se impactaron a alta velocidad, mezclándose y solidificándose en el espacio.

El análisis de las «cicatrices de vuelo»

El examen macroscópico del ejemplar de 6,840 kg revela las evidencias físicas de su viaje interplanetario:

  • Regmaglifos: La ficha reporta la presencia de estas muescas superficiales, que se asemejan a huellas dactilares o de pulgar. Los regmaglifos son el resultado de la ablación y la fusión del material al entrar a altísima velocidad en la atmósfera terrestre, actuando como un molde.
  • Costra de Fusión Deteriorada: La costra, el vidriado negro generado por el calor de la reentrada, se encuentra «deteriorada y en varias partes inexistente». Junto con el color gris medio y las áreas marrones de meteorización, esto indica que la pieza lleva «varias décadas sobre el terreno» en el Noroeste de Portugal, siendo la estimación de nuestro colaborador de su caída alrededor de 1994.

Además, las pruebas instrumentales confirman su identidad. El resultado positivo del detector de metales y el imán se debe al alto contenido de hierro y níquel, una composición casi imposible de encontrar en rocas terrestres comunes.

Mesosiderito muestra

La evidencia microscópica: brechas y metamorfismo

Aquí es donde el análisis gemológico se vuelve crucial, revelando el pasado térmico del meteorito a escala microscópica:

  • Ausencia de cóndrulos: La ficha destaca la ausencia de cóndrulos (pequeñas esferas de silicato). Esta es una característica definitoria de los Mesosideritos y otras acondritas, confirmando que la roca ha sido sometida a un intenso metamorfismo térmico que derritió y recristalizó las estructuras originales.
  • Textura brechada y recristalización: La composición es una brecha, es decir, un conglomerado de fragmentos de roca (silicatos como piroxeno y plagioclasa) y metal soldados por un impacto. El informe menciona «signos de soldadura de granos en un proceso de recristalización» con un grado de metamorfismo «2».

Esta recristalización es la prueba definitiva de que el Mesosiderito «Daniel» experimentó un calentamiento intenso y un aplastamiento por presión tras el impacto que lo formó, o quizás durante otro impacto posterior. Es una cicatriz doble: una de colisión y otra de calentamiento.

En conclusión, este análisis nos permite ir más allá de la simple etiqueta de «meteorito». Nos permite reconstruir la historia de un objeto que fue parte de un asteroide diferenciado, experimentó una colisión violenta en el Cinturón de Asteroides y viajó miles de millones de kilómetros para caer a la Tierra como un Superbólido hace aproximadamente 30 años.

Este fragmento de historia cósmica es un testimonio del poder de la geología aplicada y la gemología para descifrar la composición del universo.

Podéis descargar la ficha del Informe y la del IR haciendo click en las imágenes

 

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